domingo, 11 de octubre de 2015

CEDROS


CEDROS

Mis ojos niños vieron 
-ha mucho tiempo- alzarse 
hasta la nube un vuelo 
de sucesivos verdes 
que el aire en torno 
embalsamaban 
con tranquila insistencia. 

El silencio se oía como una 
música suspendida de repente, 
y en mi pecho crecía 
el asombro. 

La voz del padre, entonces, 
inclinóse a mi oído 
para decirme, quedo: 
"Son los cedros del Líbano 
hija mía. 

Mil años hace, acaso 
mil más, que medran 
a las plantas de Dios. 
Guarda su imagen 
en la frente y la sangre. 
Nunca olvides 
que miraste de cerca 
la Belleza". 

Y desde aquella hora 
tan lejana, 
algo en mí se renueva 
y estremece 
cuando topo en las hojas 
de algún libro 
su memoriosa estampa 

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